La escritora chilena fue homenajeada en la Casa Central de la Universidad de Chile, donde destacó que escribe “porque si no se le seca el alma y me muero”. En el acto se reconoció su trayectoria, su defensa de la palabra libre y el papel de la mujer como protagonista de sus historias.

La escritora Isabel Allende Llona fue galardonada con la Medalla Rectoral de la Universidad de Chile por su contribución a la literatura, en un acto realizado en la Casa Central de la universidad. El reconocimiento destacó que con su obra ella “colocó a Chile en el mundo y a la mujer como protagonista”.

Durante la ceremonia, Allende habló de su impulso para escribir y dijo que lo hace “porque si no se le seca el alma y me muero, porque la materia prima es infinita y gratis, el aire está lleno de historias”. También explicó que cuando arranca un libro, “visualizo miles de piezas de un rompecabezas tiradas por allí de un rompecabezas y mi desafío es colocarlas en su sitio preciso, trabajo a ciegas, con paciencia, sin conocer el diseño, que solo podrá ver en la última página cuando los personajes me lo revelen”.

Isabel Allende remarcó que armar historias es para ella un proceso profundo y evocador: “Armar una historia es un proceso misterioso, orgánico, distintivo, al escribir entrada a la dimensión de los sueños, la intuición, las premoniciones. Paso la mayor parte de mi vida sola y en silencio, como un monje en su celda, en la soledad, recuerdo, escucho voces, tengo visiones”.

Por su parte, Rosa Devés, rectora de la Universidad de Chile, resaltó el valor simbólico del homenaje. Destacó “que en tiempos que la libertad de expresión y la palabra auténtica conllevan cada vez más riesgos, a la vez que paradójicamente la tecnología nos ofrece más canales de comunicación que nunca, el hablar y contar libre de Isabel Allende, acompañada de una humanidad inagotable, es lo que hoy queremos relevar especialmente”. También subrayó que “las mujeres nunca dejamos de ser protagonistas” y que la creatividad hace trascendente lo cotidiano, funcionando como antídoto ante el silencio.

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