La ex presidenta había sostenido tiempo atrás que el sistema estatal solo es una realidad cuando los presidentes se atienden en los hospitales públicos, desestimando cualquier otra opción. Sin embargo, para su reciente operación volvió a elegir una clínica privada exclusiva, incumpliendo el estándar ético que ella misma estableció.
La internación de Cristina Kirchner en el Sanatorio Otamendi ha reavivado el debate sobre la coherencia entre el discurso político y las acciones personales de la dirigencia. Mientras la expresidenta se recupera favorablemente de una intervención por peritonitis en una de las clínicas más exclusivas de Buenos Aires, un archivo de su propia voz circula con fuerza, exponiendo una contradicción flagrante con el relato que suele sostener.
En el video que se viralizó en las últimas horas, Cristina ofrecía una definición categórica: para ella, la existencia de un verdadero sistema de salud pública no se mide por estadísticas, sino por el comportamiento de sus líderes. «Hay salud pública cuando los presidentes se atienden en los hospitales públicos. Lo demás, es puro cuento», sentenciaba, utilizando el ejemplo de Néstor Kirchner para marcar una diferencia moral y política.
La exmandataria recordaba con orgullo que Néstor, tanto en su etapa de gobernador de Santa Cruz como durante su presidencia, acudió al hospital público de Río Gallegos cuando su salud lo requirió. Para Cristina, ese gesto validaba la inversión estatal como una «inversión social y cultural» y no como un gasto. Sin embargo, la realidad de los hechos muestra que ella no ha seguido ese legado.
Lejos de los hospitales públicos del conurbano o de la Ciudad que su espacio político dice defender y priorizar, Cristina Kirchner ha optado sistemáticamente por la excelencia y el confort del sistema privado. Su actual estadía en la suite del Otamendi confirma que, a la hora de su bienestar personal, la regla de oro que ella misma formuló, que los dirigentes deben atenderse en el hospital público para legitimar el sistema, ha quedado relegada a una frase de archivo que hoy la contradice.






Deja un comentario